Las estrellas titilaban en un suave vaivén. Aquella noche fría sentí tu presencia
por primera vez. Mi piel se agitaba con el miedo y mis labios se curvaban al
ritmo acelerado de mis latidos. Tras intentos desesperados surgió la verdad que
temía escuchar. Mi dulce retoño, inocente. Me sorprende en una tarde clara con
un gesto a medio formar. Triste? Confundido? No sabe dónde está. Apenas
consciente de su existencia solo siente pánico y ve oscuridad. Se retuerce de
los nervios, percibe rechazo, no sabe donde refugiarse. Escucha llanto, escucha
palabras sucias de un hombre que forma parte de él. Se estremece de melancolía.
El cuerpo que lo abraza y lo cobija parece desmoronarse. Desesperado intenta comprender
lo que sucede afuera. Intenta consolar la soledad que lo carga en una burbuja
latente. Quiere existir, quiere que fluyan los meses para surgir tras ese velo
tormentoso, ver una hermosa luz brillar, ver sonrisas y amar.
Mi tenue deseo se opaca tras grandes bocanadas de aire putrefacto, miles
de ahogos, segundos eternos, dolores incompletos, visiones distintas, ausencias
permitidas, escalofríos constantes, confusión, caminos separados,
humillaciones, extrema soledad. No te disculpes por existir y lo siento
buscando mis manos, buscando mi abrazo, besando mis entrañas. La tarde se tiñe
de rojo y se apaga su esencia. Poco a poco desaparece y se marchita su destino
como se marchita el amor, como se marchitan los pétalos cuando las estaciones
cambian. Ya no te siento más y un grito surge, tenue, silencioso, desesperado.
Y las horas congeladas no me dejan escapar. Me cercan como secas y punzantes
ramas y me exilian al vacio. Extraño tu toque suave, tus susurros extraños, tus
futuros gestos, tus futuras risas, tus futuros miedos, tu futura existencia. Mi
luz, mi diminuto ángel, solo mío. Y tras leves destellos de sueños, fantasías,
te deje ir. Tome un extracto de mi alma y con una brisa agridulce los deje
partir. Libres por la inmensidad, dejando esta otra mitad dispuesta a luchar,
deseando que vuelvan con el polvo, con la niebla. Inhalo y exhalo vida. Espero
por ellos y tras infinidad de pensamientos y memorias decido confiar, me rindo
a flotar. Cuando la noche cae y la luna asciende a lo alto me parece escuchar
una voz que con dulzura susurra: No desesperes, no llores, ya no estarás sola
nunca más. Todo aquello que perdiste, volverá.. Y tras ojos vidriosos, me vence
el sueño, a veces triste, melancólico, a veces confortable, siempre con
murmullos al azar, cada noche sin cesar y brillan las estrellas, que se haga
eterna…
Para los dos angeles que agitan mis noches..esa lucecita que encendio mi futuro y me devolvio a la vida....
Para los dos angeles que agitan mis noches..esa lucecita que encendio mi futuro y me devolvio a la vida....