2.5.12

Que se haga eterna..


Las estrellas titilaban en un suave vaivén. Aquella noche fría sentí tu presencia por primera vez. Mi piel se agitaba con el miedo y mis labios se curvaban al ritmo acelerado de mis latidos. Tras intentos desesperados surgió la verdad que temía escuchar. Mi dulce retoño, inocente. Me sorprende en una tarde clara con un gesto a medio formar. Triste? Confundido? No sabe dónde está. Apenas consciente de su existencia solo siente pánico y ve oscuridad. Se retuerce de los nervios, percibe rechazo, no sabe donde refugiarse. Escucha llanto, escucha palabras sucias de un hombre que forma parte de él. Se estremece de melancolía. El cuerpo que lo abraza y lo cobija parece desmoronarse. Desesperado intenta comprender lo que sucede afuera. Intenta consolar la soledad que lo carga en una burbuja latente. Quiere existir, quiere que fluyan los meses para surgir tras ese velo tormentoso, ver una hermosa luz brillar, ver sonrisas y amar.
Mi tenue deseo se opaca tras grandes bocanadas de aire putrefacto, miles de ahogos, segundos eternos, dolores incompletos, visiones distintas, ausencias permitidas, escalofríos constantes, confusión, caminos separados, humillaciones, extrema soledad. No te disculpes por existir y lo siento buscando mis manos, buscando mi abrazo, besando mis entrañas. La tarde se tiñe de rojo y se apaga su esencia. Poco a poco desaparece y se marchita su destino como se marchita el amor, como se marchitan los pétalos cuando las estaciones cambian. Ya no te siento más y un grito surge, tenue, silencioso, desesperado. Y las horas congeladas no me dejan escapar. Me cercan como secas y punzantes ramas y me exilian al vacio. Extraño tu toque suave, tus susurros extraños, tus futuros gestos, tus futuras risas, tus futuros miedos, tu futura existencia. Mi luz, mi diminuto ángel, solo mío. Y tras leves destellos de sueños, fantasías, te deje ir. Tome un extracto de mi alma y con una brisa agridulce los deje partir. Libres por la inmensidad, dejando esta otra mitad dispuesta a luchar, deseando que vuelvan con el polvo, con la niebla. Inhalo y exhalo vida. Espero por ellos y tras infinidad de pensamientos y memorias decido confiar, me rindo a flotar. Cuando la noche cae y la luna asciende a lo alto me parece escuchar una voz que con dulzura susurra: No desesperes, no llores, ya no estarás sola nunca más. Todo aquello que perdiste, volverá.. Y tras ojos vidriosos, me vence el sueño, a veces triste, melancólico, a veces confortable, siempre con murmullos al azar, cada noche sin cesar y brillan las estrellas, que se haga eterna…

Para los dos angeles que agitan mis noches..esa lucecita que encendio mi futuro y me devolvio a la vida....