No dudo de ella, solo le temo. Cuando estoy allí
atrapada y me consume, la soledad ilícita me abraza. Porque no escapo? Se
siente bien refugiarse en la penumbra. No hay explicaciones oportunas ni
comentarios obsoletos, solo pensamientos, ideas, sueños, fracasos y miedos
latentes, flotando en el ambiente, palpitando a cada segundo.
Se
sienten las presencias de siempre. No se van. No se van porque se acostumbraron
a estar allí, pútridas y encasilladas, sin orden ni desorden, solo se mueven en
el espacio oportuno. Que si tiemblo al verlas? No tiemblo, solo las escucho
susurrar cánticos memoriales, me hipnotiza verlas desplazarse con tanta
delicadeza y con una sutil energía parecen hacer algo absurdo, parecen mezclarse
con la penumbra. La penumbra me abriga de un modo incomprensible, no ocupa
escucharme hablar porque ya lo conoce todo, me deja desnuda en la incertidumbre
de verme desnuda y sin secretos porque los secretos ya están allí. La penumbra
me rodea y me asusta y me envuelve y me calienta y entre sollozos tenues de
figuras translúcidas me descubro extasiada de la calma. También hay objetos de
antaño y figuras terriblemente hermosas que me quitan el aliento y me claman en
silencio.
La
penumbra me entiende y por entenderme se siente irreal, tal vez porque
realmente no existe para el mundo. El mundo es ajeno al espacio ficticio y se
mofa de la irracionalidad constante, pero la penumbra no se va. Absurdo hasta lo más
infinito percibo olores y visiones en ráfagas que compiten en armonía, la
armonía absurda de competir por lo que no hace falta. El espacio en la penumbra
es infinito y tiene áreas que se carcomen y gruñen y no me asustan tanto como
las que son horriblemente pacíficas. No lo entiendo y estar allí me intriga. No
enfrento lo que sucede alrededor, sucede que alrededor me enfrenta a mí. No por
razones particulares, solo me intriga ser espectadora, me hipnotizan los
colores cambiantes que se transforman a realidades distintas entre reales y
ficticias. Me tientan a reaccionar pero en vez de eso me dejó llevar, me
entrego en absoluto silencio en un estado de adicción absoluta.
La penumbra no
tiene nada nuevo que decir aunque se transforma y lo nuevo se recicla en lo que
aparenta ser lo nuevo. Solo está allí, pálida a veces, siempre cambiante,
recolectando, absorbiendo como un hoyo negro, absteniéndose de desaparecer. Si
la penumbra me sonríe? A veces la descubro haciéndolo de reojo, no con afán de
burlarse, solo con las ganas de hacerme notar que no se puede escapar porque la
penumbra está en mí o en algún momento del tiempo la penumbra me absorbió también
y yo estoy en ella. No importa más eso. La penumbra me acepta y me acoge y yo la
estudio. Me hace clamar, me hace reír, me hace sufrir, me da placer, me da
absurdos, me da razones, me da historias, me da despojos, me da memorias, me da
reclamos, me da errores y de errores me devuelve aprendizajes, me da compañía
en soledad, me da serenidad, me ve y yo la miro de vuelta. Me desnuda y me
viste a su antojo y yo me entrego a la irrealidad sin dudarlo y de dudas escondidas
se desbordan locuras, controversias y el orden en medio del caos se mantiene
pacifico porque el caos se revuelca en la infinidad del espacio y si se hace
estrecho es por contracciones de épocas pasadas o presentes o futuras y por
cansancio implícito de no sentirse uno solo; pero vuelve a su estado amplio con
frustraciones y enojos y desvelos que no permiten paso a explosiones mayores más
que la estrechez absurda del espacio infinito.
La penumbra..dulce, temible,
inocente, latente, frágil, terca, equivocada y sutil, absurda y estúpida.
Encuentro lo que se fue, lo que se va y lo que se irá en predicciones de
sensaciones tenues. Encuentro amor y calma y encuentro un refugio donde no
encuentro nada. La penumbra me asusta y por asustarme me protege..